Tarde de Medinaceli y Esperanza, de Aromas de un barrio que inundarían el centro de nuestra ciudad con su alegría y con ese encuentro entre Madre e Hijo que tanto se espera en nuestra ciudad año tras año.
Hoy nos unimos en rezo y mandamos un abrazo a la hermandad de Jesús
Medinaceli
y a la Hermandad Nuestra Señora de la Esperanza.
Que la dulzura de ese niño del Remedio, la humildad de ese Padre cautivo Medinaceli y la Esperanza de esa Madre nos arropen y nos ayuden a seguir adelante.
Amadísimo Jesús de Medinaceli,
Tú que nos has revelado toda la misericordia y el profundo amor que Dios nos profesa a cada uno de nosotros,
escucha atento nuestros ruegos.
Tú que teniendo las manos atadas frente al pecado de los hombres decidiste morir para alcanzar el perdón de todos nuestros pecados, en memoria de tu pasión, te solicitamos ayuda y de esta manera transformar nuestras vidas hacia el Evangelio.
¡Oh excelsa Madre de Dios y Esperanza de los hombres!
tu fuisteis, eres y serás,
después de Jesús, toda mi esperanza.
Oh Madre buena y poderosa,
oh madre de la Esperanza,
sabedor de que has recibido la misión divina de guardar,
guiar, ayudar, alegrar y consolar a las almas,
a ti acudo con inquebrantable fe e ilimitada seguridad.
Y la noche nos traería el silencio, la penitencia y la sobriedad de la
Cofradía de Jesús de las Penas
y tambien de la Hermandad del Silencio
con su procesión de la Virgen del Mayor Dolor.Desde aqui mandamos un fuerte abrazo a ambas hermandades y nos unimos en oración a la espera de poder volver a acompañarlos en nuestras calles.
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor... Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.



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