miércoles, 31 de marzo de 2021

MADRUGADA DEL JUEVES SANTO 2021

Y entrada ya la madrugada del Jueves Santo llegaría uno de los momentos de mas calado y arraigo en nuestra ciudad, a las 3 de la mañana el silencio se rompería con un solo de corneta anunciando la salida de la Hermandad del Silencio, la más numerosa de nuestra ciudad.

Las cadenas y el silencio junto al repique del tambor acompañarían a ese Cristo de la Buena Muerte en su cruz ya inerte... en paz, seguido de esa Madre del Mayor Dolor, con su corazón atravesado por un puñal que es imposible no mirar cuando la tenemos delante y contemplamos su rostro doloroso.
Mandamos un fraternal abrazo a la
Hermandad del Silencio
y nos unimos en oración junto a ellos.
¡Oh Cristo de la Buena Muerte! Que existes desde un principio y habitas entre nosotros, que nos hablas de amor y justicia y vienes a anunciar, de nuevo, el camino de tu Reino. Permite que pueda estar a tu lado y caminar siempre contigo.
Tú eres la luz de los hombres que alumbra las noches oscuras, que engrandece los corazones para vencer las pasiones, ser fueres en la injusticia, solidarios en la caridad y cumplir con el deber de seguirte siempre, Señor, con voluntad y esperanza.
Tú eres nuestro consuelo en los momentos de dolor, alivio en el duro trabajo y comprensión en el llanto. Tú eres el pan de vida que transforma nuestro interior y lo llena de alegría.
Ave María, Mujer del dolor, Madre de los viven, Virgen esposa ante la Cruz, Eva nueva, sé nuestra guía en los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a defender el amor de Cristo, a llevar con humildad nuestra cruz y estar contigo ante la Cruz de Cristo ante los débiles, los que sufren, los marginados, los pobre y a conocer en sus rostros el rostro de Cristo.
Ave María, Mujer de la fe, Antes que los discípulos! Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos siempre a dar razón de la esperanza que hay en nosotros confiando en la bondad del hombre creado por Dios a su imagen y en el amor del Padre. Enséñanos renovar el mundo desde adentro: en la profundidad del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz.
Santa María, Madre de los creyentes, ruega por nosotros. Amén.



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